¡Hola, sándwich crujiente, pegajoso y derretido, me pones en un dilema! Por un lado, ¡quiero acurrucarme con tu linda adorabilidad! ¡Quiero apretar tu suavidad tostada! ¡Quiero olisquear tu queso crujiente y feliz! Por otro lado, realmente me gustaría COMERTE LA CARA. ¿Qué hago, pequeño sándwich dorado? ¿Quién sabía que la hora del almuerzo podría estar llena de acertijos tan deliciosos?